Mitos y Realidades en torno a la Alta Capacidad (11 de 12)

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[Continuamos con el onceavo de ésta serie de 12 Post acerca de los Mitos y Realidades en torno a la Alta Capacidad, escrito por el reconocido especialista Javier Touron]…

MITO 11 La atencio?n diferenciada a los alumnos de alta capacidad atenta contra el principio de igualdad de oportunidades, produciendo diferencias entre los alumnos en funcio?n de su capacidad.

La primera parte es falsa, la segunda no. Claro que se producira?n diferencias entre los alumnos en funcio?n de su capacidad. Pero es que ¿acaso somos iguales? Es evidente que somos muy diferentes en nuestras competencias y posibilidades. Somos iguales como personas, y es e?sa igualdad radical la que exige un tratamiento diferente.

El principio de igualdad de oportunidades exige, precisamente, que a cada alumno se le de la ayuda que precise en funcio?n de sus propias caracteri?sticas. Lo que atenta contra este principio es el tratamiento educativo indiferenciado, haciendo sino?nimos igualdad de oportunidades e igualdad de resultados. De este modo lo que se promueve es el igualitarismo y se consolida la mediocridad.

No es posible mantener con rigor esta postura y, al mismo tiempo, hablar de la atencio?n a la diversidad o de las necesidades educativas especiales que lleva consigo este principio. Es preciso tener en cuenta que la atencio?n a la diversidad es una cuestio?n de principio, no de tipologi?a. Es decir, que no se trata de atender a unos tipos de diferencias y no a otros. Se podri?a preguntar, ¿pero que? tipo de diferencias deben ser atendidas? ¿cualquier diferencia? La respuesta es sencilla, la pedagogi?a diferencial la ha sen?alado hace mucho tiempo: deben atenderse aque?llas diferencias que sean educativamente relevantes, significativas, para el desarrollo personal de los educandos.

Centra?ndonos en la escuela, el principio que se podri?a invocar es el que constituye uno de los pilares del modelo de CTY, el optimal match, segu?n el cual ha de procurarse que la ensen?anza que los sujetos reciben se adecue de modo o?ptimo a sus condiciones personales, al menos en dos sentidos: dificultad y velocidad. Lo primero se relaciona con la profundidad y el nivel de desarrollo, con la complejidad y el reto intelectual. Lo segundo, con el ritmo de aprendizaje de los alumnos, concepto que nunca sera? suficientemente enfatizado y que implica, entre otras cosas, que al alumno debe permiti?rsele que avance por el curri?culo a la velocidad que convenga a su ritmo de aprendizaje, evitando a toda costa las tareas repetitivas sobre a?mbitos ya dominados suficientemente, que lo u?nico que promueven, lejos del desarrollo intelectual, es el aburrimiento.