Mitos y Realidades en torno a la Alta Capacidad (6 de 12)

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[Continuamos con el sexto de ésta serie de 12 Post acerca de los Mitos y Realidades en torno a la Alta Capacidad, escrito por el reconocido especialista Javier Touron]…

MITO 6 Los nin?os de alta capacidad, especialmente los prodigios, llegan a ser adultos eminentes y creativos. O, el mito contrario, las personas que no muestran eminencia en la infancia o que no son prodigios, nunca llegara?n a destacar en algu?n talento concreto

No es fa?cil predecir el e?xito futuro o sen?alar que? variables esta?n claramente relacionadas con e?l, son muchas las circunstancias que pueden favorecer o dificultar el camino hacia la eminencia, concepto –por otra parte- bastante relativo. Lo que es cierto, tal como muestran innumerables estudios longitudinales, es que la deteccio?n temprana y la provisio?n de ayudas educativas oportunas son la mejor garanti?a de e?xito en el desarrollo personal. Que dicho desarrollo sea socialmente considerado (caso del campo arti?stico, por ejemplo), depende de factores generalmente ajenos a la accio?n educativa misma.

La educacio?n de los alumnos de alta capacidad, de todas las personas independientemente de su capacidad, se debe orientar al pleno desarrollo personal, a la completa actualizacio?n de las propias potencialidades, en un proceso que –como sabemos- siempre estara? inacabado.

Es claro que la alta capacidad puede mostrarse precozmente para en un momento posterior equipararse a un perfil ma?s esta?ndar, de “normalidad”. O lo contrario, que la competencia excepcional aparezca en un momento del desarrollo de las personas ma?s tardi?o. Sea cual fuere el caso, el reto esta? en adecuar las oportunidades educativas a las necesidades actuales de cada educando, sin basar e?stas en las realizaciones futuras, de las que nunca tendremos demasiada certeza.

Por tanto, es posible que algunos nin?os de alta capacidad, incluso los prodigios no lleguen a ser eminentes en la etapa adulta, y que algunos adultos eminentes no sean prodigios. Esto no debe condicionar en modo alguno su educacio?n. Al contrario, la accio?n educativa debe estar abierta a cubrir las necesidades de las personas independientemente de cuando se presenten, evitando a toda costa el etiquetado, estableciendo una especie de inexorable relacio?n causa-efecto entre la etiqueta y el resultado esperable. Es propio de una actitud educativa estar abierto al cambio y a la mejora, al hecho de que las personas siempre pueden dar ma?s de si?. Adema?s la eminencia no es, necesariamente, una meta educativa, y no es imprescindible para alcanzar el pleno desarrollo personal. Otra cosa distinta es que el que pueda ser eminente no quiera serlo.