Todo cubierto con el método Reggio Emilia

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Es un placer continuar con la serie acerca de los métodos educativos que pueden ser favorables para nuestros niños con capacidades superiores. Lo que quiero platicarles en esta ocasión es lo referente al método Reggio Emilia, nacido en Italia y con una expansión lenta, paulatina, pero constante en el continente americano.

El fundador fue un pedagogo y educador llamado Loris Malaguzzi, quien después de enseñar por algunos años y con las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, se dio cuenta que el sistema educativo no respetaba a los niños, les impedía expresarse y los encasillaba. ¿Les suena? Increíble, ¿cierto? Esto sucedía en la década de los 40 y aún ahora, muchos de nuestros niños pasan exactamente por lo mismo.

Malaguzzi decidió replantear la forma en que se enseñaba a los chicos, se reunió con un grupo de personas interesadas en lo mismo y en un pueblo pequeño llamado Reggio Emilia, construyeron una escuela para dar clases bajo un nuevo modelo. El método de enseñanza evolucionó poco a poco y Malaguzzi lo enriqueció tomando conceptos de Jean Piaget, John Dewey, Lev Vigotsky, además de que estuvo muy cerca de Howard Gardner cuando éste desarrollaba la Teoría de las Inteligencias Múltiples y tuvo una estrecha relación con Gianni Rodari, escritor, pedagogo y periodista que fue famoso en Italia por su literatura para niños y por crear talleres de dramaturgia infantil y juvenil.

¿Ya se dieron cuenta por dónde va la cosa? Le sigo. Malaguzzi desarrolló una idea que llamó “Los cien lenguajes del niño”, que en pocas palabras se refiere a que los pequeños tienen muchas maneras de reconocer y experimentar el mundo, que cada chico es distinto, único y por tanto, cada uno se relaciona de forma diferente con los demás, así que el educador debía ser un gran observador para reconocer cada una de esas formas únicas de expresarse y participar.

La descripción de los principios de este método nos va dando las pistas de por qué es considerado una de las mejores opciones, si no es que la mejor, para los niños con capacidades superiores. En primer lugar, considera que el niño es el protagonista y por tanto, es él quien debe construir su aprendizaje, porque son investigadores natos y es su curiosidad la que los lleva al conocimiento. Sí, aquí sí se responden las dudas de nuestros niños con aptitudes sobresalientes siempre, se les deja experimentar y se alimenta su curiosidad, así que, mamá, papá, ustedes no serán llamados a junta para regañarlos porque lo están sobreestimulando o porque le están enseñando cosas muy avanzadas para su edad y eso choca con el programa de la clase.

El segundo principio es que el docente es un guía-investigador, es decir, debe estar en constante actualización, capacitación y formación para estar listo a responder a todas las inquietudes de los alumnos y proponer proyectos de acuerdo a los intereses de cada uno. Esto significa que los niños no están sentados escuchando una clase magistral y rellenando libros y cuadernos, sino que podrán estar activamente aprendiendo de experiencias e investigaciones, lo que significa que los niños con capacidad superior pueden avanzar a su ritmo, profundizar todo lo que quieran y encontrar nuevos retos porque siempre habrá una nueva propuesta interesante para ellos.

Otro principio es que el espacio/ambiente es, por sí mismo, un profesor. Las aulas están diseñadas para que los niños se sientan atraídos hacia el aprendizaje de cosas nuevas y experimentar, tienen libertad para circular por ellas y están tematizadas para despertar la curiosidad de los chicos. Hasta los pasillos tienen cosas que invitan a la investigación y que provocan emociones, y esto es lo que más importancia tienen en este método, pues Malaguzzi fue uno de los primeros en establecer que las emociones son parte vital del aprendizaje.

En todo esto tiene un lugar preponderante la escucha en todos los niveles: es importante escuchar a los niños y con base en eso, atender sus necesidades; escuchar a los docentes en sus propuestas pedagógicas de acuerdo a sus observaciones y formación continua, y escuchar a las familias, porque éstas forman parte esencial del método, bajo la premisa de que es en el seno de ellas donde inicia el proceso educativo y forman un equipo con la escuela.

En las escuelas con método Reggio Emilia lo que encontraremos es un lugar agradable, bonito, que provoca sensaciones positivas, con muchas opciones para el desarrollo de la creatividad en los propios proyectos educativos y también en los talleres de artes de todo tipo donde se propician las experiencias reales a través de las cuales el niño va a aprender y crear.

Se consideran los valores, la disciplina, pero entendida ésta con respeto y guiando a los niños al seguimiento de reglas de convivencia por convicción, no por coacción, mientras que las evaluaciones se hacen a través de portafolios, que son un compendio de los trabajos de los niños y las apreciaciones o comentarios de padres y educadores, lo que refleja la evolución de los alumnos.

Curiosamente, una de las mayores críticas a este método es que los niños pueden ser “sobreestimulados”, porque tener tantas cosas interesantes en su entorno y ser motivados a aprender unos de otros, puede ponerles frete a “demasiados” intereses dónde enfocar la atención y distraerse. ¡Pero si es de lo que los niños sobresalientes piden su limosna! Bueno, entendamos que las críticas vienen de personas que no conocen a nuestros niños y su forma de funcionar.

Otra queja es la “burocracia” de los portafolios, donde se pide a los padres llenar cuestionarios de observaciones que según algunos, “pueden ser cansados”. Pero resulta que estos formularios son, precisamente, para que los educadores conozcan mejor a los alumnos y se trabaje con ellos con base en eso, de forma individual, que es exactamente lo que necesitan nuestros niños. En resumen, se hace una pequeña evaluación cualitativa. ¿Qué más se puede pedir?

Lo que sí debo reiterar, como en las entradas anteriores, es que es imprescindible asegurarse de que se aplique el método como es y no con una interpretación o adaptación, porque se perdería el objetivo. Y lo que sí es posible con el método es cubrir los programas oficiales, sólo que se hace de la manera en que Malaguzzi lo concibió y nuestros niños tendrán estímulo a todas las inteligencias, la creatividad y los más altos niveles de pensamiento.

Se los dejo a consideración y si se encuentran una escuela así, por favor, compartan el descubrimiento con otras familias (y conmigo), porque no hay muchas en México y la verdad, son una excelente opción.

Referencias

Correa, O., Estrella, C. (2011). Enfoque Reggio Emilia y su aplicación en la Unidad Educativa Santana de Cuenca.

Edward, C. (2002). Three Approaches from Europe: Waldorf, Montessori, and Reggio Emilia.  University of Nebraska-Lincoln.

Martínez-Agut, M. y Ramos, C. (s.f.) Escuelas Reggio Emilia y los 100 lenguajes del niño: experiencia en la formación de educadores infantiles.

Nancy González Gea
Vivo las altas capacidades en carne propia, con el enorme privilegio de ser madre de un joven extraordinario que me impulsó a investigar, estudiar y especializarme con los mejores. Tengo el honor de trabajar con y para niños extraordinarios que alimentan mi intelecto y mi espíritu. Ayudar es mi motivo principal y mi objetivo primario es nunca dejar de aprender.

Estos son los artículos que conforman esta Serie:

  1. Nutrir a nuestros niños a través de un constructivismo renovado
  2. Mi peque tiene capacidades superiores, pero ¿qué escuela necesita?
  3. Pedagogía Waldorf, entre lo ideal y lo místico
  4. ¿Es el Método Montessori como lo pintan?
  5. Todo cubierto con el método Reggio Emilia
  6. Las ventajas del método Freinet en el desarrollo de la inteligencia emocional
  7. Escuela en casa: libertad y compromiso con los niños sobresalientes
  8. Nuevo modelo educativo: el beneficio de la duda